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  • Fundación Mejor Ciudadano

LECTURA, EMOCIÓN Y VÍNCULOS AFECTIVOS

Estimados lectores, me es grato compartir con ustedes algunas experiencias vividas durante el ejercicio de mi profesión, tanto como educadora de párvulos, escritora infantil, y desde el conocimiento y aplicación de las neurociencias, las que me han ayudado a entender cómo aprendemos, cómo nos relacionamos, y cómo podemos protagonizar el camino hacia nuestro propio bienestar y felicidad, compartiéndolo a su vez con nuestros niños y niñas, la familia, estudiantes y docentes.

Todos sabemos que la curiosidad humana está presente desde el origen de la humanidad, y es por ello por lo que jamás he conocido a un niño pequeño que no se acerque espontáneamente a ver ilustraciones o imágenes de un cuento, o que no se interese en la escucha de historias vinculadas con sus experiencias, he comprobado que las “historias sabrosas “atraen de manera innata” y son la gran entrada al mundo de las emociones, sustrato básico de todo aprendizaje hasta la edad adulta. Como educadora y mamá comprobé que la “hora del cuento” refuerza los vínculos de afecto, valores de convivencia y comunicación efectiva entre el cuentacuentos y quienes lo escuchan. Es un lenguaje universal que permite la participación de niños y niñas ampliando el repertorio de imágenes mentales. Como escritora y desde las neurociencias mi trabajo literario incorpora el juego, el ritmo y la oralidad, ingredientes naturales que niños y niñas traen consigo desde su gestación, es por ello por lo que son presentados como recursos ejes para ser jugados, leídos, bailados, cantados, dramatizados, entre otras posibilidades, y son creados intencionadamente para favorecer el desarrollo de una mente ávida y creativa para conocer, crear y transformar la realidad. El cerebro humano está preparado para recibir historias, y éstas permiten la conexión con otros. «Engancharse» en una buena historia es estar atrapado y gozoso a la vez, resultado de procesos neurofisiológicos, químicos y hormonales, es decir, los cuentos tienen un efecto directo sobre el cerebro de niños y niñas, porque funcionan como segregador de emociones, básico para el aprendizaje. Por este motivo durante mis clases creaba breves, divertidas y desafiantes historias que le dieran sentido a las actividades pedagógicas o tareas que debían asumir los estudiantes. A su vez los personajes nos acompañaban durante todo el año y lograban que se mantuvieran motivados durante todo el tiempo de trabajo, abrieran nuevos interesas y obtuvieran buenos resultados.


Mariana Acosta Sanchez

Escritora chilena

Magister en neurociencia aplicadas a la educación infantil.




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